
Divisiones inferiores: ¿Sí o no? Una decisión estratégica
Atalanta y Brentford debaten cómo producir talento, cómo invertir y dónde asumir el riesgo. Analizamos dos modelos de éxito antagónicos en la generación de jóvenes futbolistas para el primer equipo.

En Argentina, el debate sobre las divisiones inferiores suele estar saldado tanto para las instituciones como para sus hinchas. En ese sentido, la formación juvenil es vista como el camino natural. La mayoría de los clubes sueña con desarrollar a la próxima “joya” que permita alcanzar el éxito deportivo y, luego, obtener beneficios económicos.
En esa lógica, muchos equipos del país se han destacado históricamente por formar jugadores de calidad que luego dan el salto a clubes de elite (locales o internacionales), generando ingresos relevantes para la institución formadora.
Sin embargo, en los últimos años han surgido modelos alternativos para encarar la “producción” de futbolistas jóvenes, con el objetivo de fortalecer el primer equipo y apostar a futuras reventas millonarias.
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Uno de los casos más llamativos es el del Brentford FC, de Inglaterra, que tomó la decisión de prescindir de sus divisiones inferiores tradicionales y redirigir sus recursos hacia un sistema de scouting intensivo, fuertemente apoyado en el análisis masivo de datos.
Su estrategia se basó en la captación de talentos muy jóvenes, muchos de ellos liberados por otros clubes de Europa y del resto del mundo, priorizando eficiencia económica y ventaja competitiva.
El club, decidió eliminar por completo la inversión en divisiones inferiores, reduciendo costos en más de 1,5 millones de libras esterlinas anuales. Esos recursos se destinaron a construir un sistema de scouting altamente tecnologizado, capaz de analizar grandes volúmenes de datos de miles de jugadores que actúan en divisiones menores de Inglaterra, Escocia, Francia, Irlanda, Países Bajos, Europa del Este, entre otros mercados.
A partir de esa información, el club incorpora jugadores a su equipo de reserva, con estatus semiprofesional, que se preparan para dar el salto al primer equipo. Tras un seguimiento exhaustivo durante varias temporadas, la secretaría técnica espera el momento en que alguno de esos futbolistas queda libre de su club formador para incorporarlo sin costo de transferencia.
Paralelamente, el Brentford identifica jugadores infravalorados por el mercado provenientes de ligas poco visibles o descartados por otras academias, y los integra de manera eficiente a su estructura de juego.
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En 2016, el club cerró su academia tradicional (integrada al sistema EPPP), argumentando que el costo anual era elevado, la competencia con academias londinenses de gran escala era desigual y muchas promesas se marchaban sin dejar rédito económico antes de firmar contratos profesionales.
En su lugar, creó el Equipo B (Elite Development Squad), orientado a futbolistas de entre 17 y 21 años y directamente vinculado al primer equipo, evitando además ciertas restricciones del sistema formativo tradicional.
El modelo de scouting del Brentford se apoya en un proceso de siete etapas, que combina análisis estadístico avanzado con observaciones técnicas específicas, siempre dentro de estrictas limitaciones presupuestarias. Este enfoque permitió reclutamientos inteligentes y la transformación de talentos infravalorados en piezas clave para competir en la Premier League o en activos altamente rentables.
Casos como los de Maupay, Mbeumo, Raya, Benrahma, Watkins y Toney ilustran cómo este sistema contribuyó tanto al éxito deportivo como al equilibrio financiero.
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No obstante, el crecimiento deportivo del club, obligó a revisar la estrategia. La normativa de la Premier League exige contar con un sistema de cantera para disputar torneos internacionales, por lo que el Brentford debió reabrir su academia en 2022, avanzando rápidamente desde una categoría baja hasta Category Two, con el objetivo de alcanzar Category One.
Un aspecto adicional a destacar es que, a partir de estas innovaciones, el club accedió a fondos públicos destinados a investigación en ciencia del deporte, entrenamiento, medicina y análisis táctico, generando publicaciones académicas y colaboraciones con universidades.
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En la vereda opuesta se encuentra el Atalanta BC, de Italia, que desde 2010 profundizó su inversión y trabajo en divisiones inferiores, abarcando desde el fútbol formativo (categorías de 8 a 14 años) hasta el equipo Primavera (U-19). A una estructura tradicional ya consolidada, sumó un fuerte desarrollo identitario del sector juvenil, con participación en ligas nacionales y una filosofía clara de formación integral.
Sus divisiones inferiores están consideradas entre las más prestigiosas de Italia e incluso de Europa, con numerosos futbolistas formados en el club que hoy compiten en distintas ligas del continente.
El modelo del Atalanta combina la formación de jugadores propios con fichajes inteligentes, apoyados en una red de scouting que detecta talento tanto en juveniles como en ligas menores, reforzando su cantera con incorporaciones estratégicas.
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Este enfoque le permitió generar ingresos significativos mediante la venta de futbolistas formados o desarrollados en su sistema juvenil: Bastoni, Scalvini, Ruggeri, Carnesecchi, Rossi, Zappacosta, Bonfanti, Kulusevski, Conti, Gagliardini y Cristante, entre otros, dejaron retornos económicos relevantes. Según distintos reportes, Atalanta generó más de 300 millones de euros en la última década a partir de este modelo.
A estos logros económicos se sumaron resultados deportivos sobresalientes, como la conquista de la UEFA Europa League y destacadas actuaciones en la Serie A y la Champions League, todo ello pese a tratarse de un club modesto en comparación con gigantes italianos como Inter, Milan o Juventus.
Dos modelos claramente antagónicos que, sin embargo, lograron el éxito recorriendo caminos completamente distintos.
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A modo de conclusión, puede afirmarse que no existe una única fórmula válida. Cada club, de acuerdo con sus recursos, la categoría en la que compite, la región en la que se encuentra y las regulaciones que le resultan aplicables, debe diseñar su propio esquema de formación y/o captación de jóvenes talentos.
El objetivo común será siempre revitalizar de manera permanente el primer equipo y generar activos económicos que garanticen la sustentabilidad de la institución.
En ambos modelos, más allá de las diferencias estructurales y filosóficas, aparece un denominador común, que es la centralidad del trabajo de la Dirección Deportiva como órgano estratégico del club.
Es allí donde se definen los criterios de inversión, los perfiles de jugadores a desarrollar o captar, los tiempos de maduración, los niveles de riesgo asumibles y la coherencia entre el proyecto deportivo y la sustentabilidad económica.
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Una Secretaría Técnica profesionalizada, con capacidad de planificación a mediano y largo plazo, de lectura del contexto regulatorio y de integración entre scouting, formación, cuerpo técnico y dirigencia, se convierte en un factor determinante del éxito.
Cuando la estrategia está bien diseñada y ejecutada, el impacto se traduce directamente en resultados deportivos competitivos y en la generación de activos que fortalecen el patrimonio del club.
Por el contrario, cuando las decisiones estratégicas se dejan libradas al azar o cuando no se abordan con la seriedad que requieren, incluso los mayores recursos económicos resultan insuficientes.
En definitiva, no se trata solo de tener talento o presupuesto, sino de saber gestionarlos con inteligencia y visión estratégica.
¿Si tuvieras que elegir un módelo, con cuál te quedarías?
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