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Cuestiones legales que un Director Deportivo debe conocer. El caso del pase de Tévez a West Ham.

Un futbolista de la élite sudamericana pasa a un equipo de segundo orden para pelear el descenso en inglaterra, apalancado por un empresario multimillonario. El club no tiene control sobre el jugador y la FIFA se ve obligada a cambiar las reglas para no perder la gobernanza del futbol . 

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Carlos Tevez saluda a los aficionados del West Ham (Foto: Infobae)

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En julio de 2006, un joven Carlos Tévez regresaba de jugar el Mundial de Alemania para la Selección Argentina. Venía de brillar en Boca y Corinthians de Brasil, y se posicionaba sin dudas, como una de las mayores promesas del futbol sudamericano. Su nivel futbolístico iba en ascenso, y todo hacía pensar que su destino inmediato era alguno de los gigantes europeos que dominaban el mercado por aquel entonces: Real Madrid, Milan o Manchester Utd.

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Cuando se hizo público el fichaje para el West Ham United, la sorpresa fue total. Se trataba de un modesto equipo del fútbol inglés que peleaba por no descender. La contratación no parecía cerrar desde lo deportivo ni lo económico, era un verdadero golpe de mercado.

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Detrás de esa operación había una estructura que no se parecía en nada a un pase clásico entre clubes. Tévez no pertenecía plenamente a Corinthians, sus derechos estaban en manos de un fondo de inversión ligado al grupo MSI, cuyo rostro visible en Europa era Kia Joorabchian.

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El empresario iraní no era su representante, pero tampoco era un simple inversor. Tenía poder real sobre el destino del jugador, sobre las condiciones de sus contratos y sobre la posibilidad de moverlo de club a club cuando quisiera. En términos legales, Tévez no era completamente “propiedad” de West Ham.

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Ese dato, no fue informado públicamente ni registrado adecuadamente ante las autoridades de la Premier League. El equipo londinense, aceptó la operación sin terminar de entender quién mandaba realmente sobre el jugador que acababa de llegar. Un refuerzo de jerarquía como Tévez era una oportunidad única y eligieron mirar para otro lado.

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Durante buena parte de la temporada, los detalles legales resultaron irrelevantes. Con el correr de los partidos, Tévez sumaba minutos, se afianzaba en el equipo y comenzaba a ser decisivo en los partidos. Al punto tal que terminó haciendo goles fundamentales en el tramo final del campeonato, salvando al club del descenso.

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En términos deportivos fue un éxito, y el delantero argentino se convirtió en ídolo de los “Hammers”. Pero el torneo terminaría de definirse fuera de la cancha.

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Ni bien se detectaron las irregularidades, las autoridades del futbol inglés abrieron una investigación sobre los contratos registrados por West Ham. Descubrieron que existían acuerdos paralelos que le otorgaban a terceros derechos económicos sobre el jugador y capacidad de decisión sobre su futuro, algo expresamente prohibido por las normas inglesas.

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No se trataba simplemente de un problema ético, sino que el club no tenía control pleno sobre uno de sus futbolistas. West Ham había alineado durante toda la temporada a un jugador cuyo pase no estaba legalmente limpio.

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El equipo de Tévez, se había salvado en la última fecha del descenso, luego de ganar 1-0 en Old Trafford ante Manchester United (campeón de la liga) con un gol del argentino, una verdadera hazaña futbolística. En consecuencia, sumó tres puntos que condenaron al Sheffield a bajar de categoría.

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El conjunto descendido pidió la quita de puntos a West Ham y lo demandó por una cifra millonaria, forzando el pago de una elevada indemnización. Además, la Premier League determinó que el club había infringido las reglas y le impuso una multa, también millonaria. Se evaluó la posibilidad de descontarle los puntos, lo que habría provocado su descenso. Sin embargo, luego de pagar, West Ham mantuvo los puntos y la categoría.

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Tévez se fue del club apenas terminó la temporada, envuelto en conflictos legales. Al reclamo de Sheffield, se sumó que West Ham no podía retener al jugador porque no tenía control real sobre su contrato. Como todos saben, el goleador argentino terminó recalando en el Manchester United donde se consagró como uno de los mejores delanteros del mundo, formando un tridente imparable con Cristiano Ronaldo y Wayne Rooney.

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Sheffield United pasó años reclamando por un descenso que nunca pudo revertir. Kia Joorabchian, por su parte, quedó definitivamente instalado como uno de los hombres más poderosos del mercado de pases europeo.

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Lo más inquietante del caso es que en 2006, todo funcionaba en una zona gris, donde los grandes empresarios imponían condiciones a clubes de escasos recursos, que anhelaban poder competir con los grandes en el mercado de pases.

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En este caso, el club eligió “hacer la vista gorda” acerca de quién representaba al jugador, quién tenía poder sobre su contrato y quién iba a decidir su futuro. Buscó un refuerzo de jerarquía, sin contar con los recursos para solventarlo, resignando el control sobre su plantilla.

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Para un director deportivo, el caso Tévez simboliza una operación que puede salir redonda en la cancha y ser un desastre jurídico con consecuencias institucionales, económicas y legales. Cuando eso pasa, el problema no aparece el día que se firma el contrato, sino mucho después y ya no hay manera de dar marcha atrás.

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Cada vez que un club acepta un intermediario difuso, un fondo oculto, un “asesor” sin rol claro o un contrato que no termina de entender, está jugando la misma ruleta que jugó West Ham en 2006.

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La guerra contra los terceros propietarios

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A partir de allí, la Premier League endureció sus reglas contra la propiedad de terceros. Pero el caso tomó notoriedad internacional y debió intervenir la FIFA.

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Lo que más alarmó a la Federación no fue la conducta de West Ham, sino el problema de gobernanza que amenazaba a toda la estructura de poder ¿quién gobernaba realmente el fútbol? ¿los clubes o los fondos privados?

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Porque si los terceros con derechos económicos podían decidir transferencias, forzar salidas de jugadores y condicionar alineaciones, el sistema entero estaba en riesgo.

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Ante ese escenario, la FIFA comenzó a endurecer progresivamente las reglas sobre third party ownership (TPO), es decir, propiedad de derechos económicos por parte de terceros. El proceso culminó en 2015, cuando la FIFA prohibió directamente este tipo de estructuras en todo el mundo.

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Desde entonces, los derechos económicos deben pertenecer al club, los terceros no pueden tener influencia sobre decisiones deportivas, los fondos de inversión quedaron formalmente afuera del sistema.

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Este es, probablemente, el cambio más profundo que dejó el caso Tévez. Aunque muchos mecanismos sobrevivieron disfrazados bajo otras formas legales. Pero eso ya será material para otra historia.

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