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¿Cómo se adapta un jugador del ascenso a Primera División?

Pasar de Segunda a Primera División no es solo un cambio en términos futbolísticos, sino que puede implicar una transformación profunda del cuerpo, de los tiempos, los vínculos, el dinero, la identidad y hasta el sentido de jugar al fútbol.

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Mansilla, Martinez, Gimenez y Fattori, figuras en el ascenso antes de dar el salto a Primera (imagen: TycSports)

 

En el fútbol existe la idea romántica del jugador que viene del ascenso, aprovecha su oportunidad de oro y termina brillando en Primera. Algunas veces ocurre, pero no es tan simple.

 

Detrás de ese salto hay un proceso de adaptación profundo que va mucho más allá de poner voluntad o de entrenar un poco más fuerte. Pasar del ascenso a Primera División puede llegar a ser como cambiar de deporte sin cambiar de deporte.

 

Las exigencias, los tiempos, las relaciones y hasta la forma de percibir el tamaño de la cancha, se transforman radicalmente.

 

Un jugador que viene del ascenso y tiene una oportunidad en primera, generalmente era figura en su equipo. Era protagonista, jugaba todos los partidos, era influyente en el juego y tenía voz en el vestuario avalada por su rendimiento.

 

Ese mismo jugador, cuando llega a Primera pierde completamente el estatus de figura. Pasa de liderar un vestuario a mirar con distancia a los referentes del nuevo plantel. Entonces, el primer impacto puede ser pasar de ser figura a ser uno más. También, puede llegar a poner en duda si está a la altura del desafío. Por eso, la adaptación es solo futbolística o fisica. Al mismo nivel, puede incidir la adaptación emocional.

 

Después tenemos el salto físico. El cuerpo debe transformarse para soportar niveles superiores de exigencia. La intensidad y el ritmo de una Primera División no se entiende hasta que se vive en carne propia, al igual que le sucede a quienes pasan de una liga menor a una de élite.

 

Los tiempos se reducen, el margen de error desaparece y los duelos se vuelven feroces. El jugador del ascenso suele llegar con buena base, pero necesita mas velocidad de reacción, aumentar su fuerza específica y mejorar sus hábitos de recuperación. En muchos casos, el cambio de composición corporal es brutal. Ahí empieza a jugar decisivamente la dieta, la suplementación, la hidratación, el descanso.

 

Otra diferencia que suelen destacar muchos jugadores es el salto táctico. Para algunos puede ser como aprender a jugar de nuevo. Muchos futbolistas destacan que lo más difícil cuando se cambia de categoría no es tener que correr más, sino pensar y resolver mucho más rápido.

 

En el ascenso, la mayoría de los equipos juegan directo, con menos automatismos y menos conceptos por fase de juego. En Primera, cada movimiento que hace el equipo tiene un sentido. Se trabaja la amplitud, los intervalos, cómo fijar, quién limpia la zona, el tercer hombre. Lo que en el ascenso muchas veces puede llegar a basarse principalmente en intuición, ahora es sistema. Y el jugador que no lo entiende o no se adapta, queda en evidencia rápidamente.

 

Hay otro gran salto que podríamos definir como "cognitivo", y que consiste en adquirir el hábito de tomar  decisiones bajo presión. Y ya no se trata de elegir entre dos opciones, hay muchas más (quizá 6 o 7) y todas se definen en milésimas de segundo. El jugador debe mejorar su velocidad mental para sobrevivir.

 

Otro punto a destacar,  es qeu el cambio económico puede ser grande y hacer tambalear a cualquiera.  

Para muchos, el cambio salarial puede ser el más peligroso. Pasar de un sueldo moderado a uno alto, con premios importantes, puede desestabilizar psicológicamente a cualquier persona, sobre todo un jóven que en muchos casos procede de una familia humilde.

 

Y acá no se trata de ambición desmedida, sino de falta de hábitos financieros. Aparecen propuestas de inversiones mágicas, pedidos del entorno, expectativas familiares. Se modifican vínculos, las rutinas y las  presiones. Ante tantos cambios, no será fácil estar preparado y mucho menos afrontarlo en soledad.

 

Aparecen también nuevas relaciones humanas,  jerarquías hasta entonces desconocidas, cambia la convivencia y la forma de vincularse con los compañeros. En el ascenso, los vestuarios son más horizontales y la relación con entrenadores suele ser directa. En cambio, en la Primera división hay otras jerarquías, códigos y una estructura profesional que puede imponer distancia.

 

Algunos jugadores pueden  sentir vergüenza al principio. Al momento de hablar, de pedir la pelota, de equivocarse frente a compañeros que admiran desde hace años y que veían por TV hasta hace poco tiempo.

 

Todo eso es parte del proceso, no son obstáculos insalvables, pero si elementos que hay que tener en cuenta para acompañar al jugador y que este pueda adaptarse adecuadamente a su nuevo entorno.

 

También se potencia la presencia de los medios y de las redes sociales. En el ascenso, un mal partido puede pasar desapercibido. En Primera, se va a enterar todo el país. Se comenta, se discute, se analiza durante toda la semana cualquier jugada o cualquier error. Lo bueno se potencia, pero lo malo mucho más.

 

El jugador enfrenta por primera vez a opiniones de periodistas, a videos virales de sus jugadas, criticas en redes y, principalmente, a expectativas del club, del representante y de la familia. La exposición genera ansiedad que puede llegar a impactar directamente en el rendimiento del futbolista.

 

El ascenso tiene una cultura barrial, mucho más cercana desde el punto de vista humano. En primera, el jugador se va a encontrar con una cultura profesionalizada, tecnológica, casi científica. A partir de dar el gran paso, comienza a moverse entre GPS, videos, nutricionistas, psicólogos deportivos y analistas

 

El paso a la elite del fútbol va a exigir al futbolista cambios de hábitos. Este punto es decisivo. Los jugadores que mejor se adaptan no siempre son los más talentosos, sino los que pueden modificar sus hábitos de descanso, alimentación, entrenamientos complementarios, trabajo de prevención de lesiones, uso de tecnología, rutinas de recuperación, etc. Si no entiende todo esto, el salto se vuelve insostenible en muy poco tiempo. 

 

Por último, quiero destacar algo no menor, y es que el jugador que pasa a primera puede perder temporalmente su sentido de pertenencia. Le va a llevar un tiempo lograr nuevamente encontrar su rol y ser importante para el equipo. Ser escuchado y valorado por sus compañeros, el técnico, los hinchas. El jugador necesita percibir que existe un camino de crecimiento dentro del equipo. Sin esa pertenencia, la adaptación puede fracasar.

 

Por todo lo dicho hasta aquí, podemos concluir que el paso a Primera División desde las categorías de ascenso, es un salto que debe hacerse acompañado y asesorado, y será responsabilidad del Director Deportivo y de su equipo de trabajo llevarlo a buen puerto.

 

No se trata solo un cambio en términos futbolísticos, sino una transformación profunda dónde cambian los tiempos, el cuerpo, los vínculos, el dinero, el rol, la identidad y hasta el sentido de jugar al fútbol.

 

Por eso, algunos logran adaptarse rápido y otros necesitan un año. Muchos, lamentablemente, nunca se acomodan y regresan a la categoría inferior.

 

Un club que entienda este proceso, lo acompañe y guíe al jugador, aumenta notablemente sus posibilidades de hacer una buena inversión, aprovechar todo el potencial del futbolista, y generar una importante plusvalía en el futuro.

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